Por MILTON CABRERA FERNÁNDEZ

Periodista / Profesor investigador – Universidad de Cartagena

En 1993, cuando comenzó la transformación portuaria en Colombia, los pronósticos más halagadores indicaban que el buque más grande que llegaría al puerto de Cartagena no superaría los 5.000 contenedores de capacidad. Con la tecnología, la infraestructura y las operaciones de aquel momento, esa predicción parecía acertada; pero la visión de futuro y el esfuerzo permanente de un puerto que se puso la meta de llegar a lo más alto, le dieron vuelta a esa lógica.

Hoy llegan a Cartagena los buques portacontenedores más robustos que se mueven por América, con capacidades para transportar hasta 14 mil teu (contenedores de 20 pies) en rutas con conexiones en los más dinámicos puertos de Europa, Asia y Estados Unidos.

Para Aníbal Ochoa, Coordinador Comercial del área de Desarrollo de Negocios del Grupo Puerto de Cartagena (GPC), el impacto de la llegada de cada megabarco va más allá del puerto. “Más que un efecto positivo para el puerto y la ciudad hay un gran impacto para el país. Lo que aquí se está evidenciando es la competitividad de Cartagena y de Colombia en el comercio internacional”, dice.

“Somos conscientes de que tenemos una carga local de una industria con vocación exportadora, que requiere una plataforma logística para vender en el exterior sus productos, pero también entendemos que si se hacen bien las cosas el beneficio se irriga hacia todo el país”, expresa.

Cada arribo de un megabarco dinamiza la actividad del puerto y con él todos los sectores y subsectores que se mueven alrededor del comercio exterior colombiano, abriendo un mundo de posibilidades para la ciudad, la región y el país.  Es una dinámica que implica mayor requerimiento de empresas y de personas, y beneficios para muchas familias.

“Es un impacto que siente la ciudad, pero que amplía sus efectos hacia el resto del país, como quiera que en estos buques se maneja carga que va para todas las regiones de Colombia o sale de ellas con destino al mundo”, señala Ochoa.

Según estadísticas de las mismas navieras, en cada recalada de un gran barco en un puerto como Cartagena se generan entre 1.800 y 2.000 movimientos de contenedores, lo que requiere más operadores de grúas y equipos en muelles y patios, transportadores internos y externos, agentes de aduanas, inspectores, más clasificaciones arancelarias, inventarios y más autoridades. Y ahora, con los servicios de valor agregado ofrecidos por el GPC, son cada vez más operarios de empaque, reempaque, etiquetado, manejo de carga, mensajería y muchas otras actividades conexas.

Para poder atender estas grandes naves, el puerto ha tenido que prepararse con inversiones en adecuación de muelles, infraestructura, equipos y tecnologías. En su estudio titulado ‘Reflexiones sobre el futuro de los puertos de contenedores’ (Sánchez, Palma y Mouftier, 2017), la Cepal acuñó el término ‘gigantismo’ de la flota mercante para referirse al “notorio incremento del tamaño medio de la flota de transporte de contenedores”, y destaca que con tal fenómeno creció la necesidad de invertir para incorporar tecnología en los puertos de Latinoamérica, un esfuerzo en el que Cartagena fue pionero.

Con las nuevas conexiones del Puerto de Cartagena con Asia no solo se aseguró la llegada de buques gigantes, sino que se han abierto más mercados y oportunidades.

“Todo el país se beneficia con la materia prima que llega en estos buques y el acceso a nuevos mercados. Hoy, con este tipo de operaciones, departamentos como Antioquia, Cundinamarca, Valle del Cauca y muchas otras regiones del país están movilizando su comercio exterior”, precisa.

Cartagena ofrece dos servicios semanales directos desde y hacia territorio asiático y en agosto serán tres. Cada servicio asegura una recalada semanal en el puerto local de un gran barco cargado de mercancías. Esas nuevas alternativas se traducen en competitividad y nuevas posibilidades, dada la reducción de costos por el pago de menos fletes, y más acceso a nuevos mercados.

Varios factores influyen en la selección de Cartagena por las redes de líneas navieras que operan estas rutas transoceánicas. El primero es que Colombia tiene un mercado doméstico muy atractivo en comparación con los países vecinos, hecho al que se suman la infraestructura, la eficiencia y la seguridad de Cartagena, con estándares reconocidos por la industria naviera internacional, que hoy pone su mirada en este puerto por su red de servicios interconectados con el mundo.

¿QUÉ LLEGA Y SALE EN UN MEGABARCO?

Los buques de gran capacidad transportan literalmente de todo, pero entre la mercancía que llega a Cartagena lo que más se mueve son electrodomésticos, tecnología y autopartes. Así mismo, del puerto local lo que más sale hacia el exterior en estos barcos es chatarra y productos agrícolas.

Hoy, por ejemplo, se exporta desde Cartagena banano todas las semanas, con rutas directas a puertos asiáticos.

Así mismo, cualquier tipo de transformación industrial, como el caso concreto de ensambladoras de motocicletas, ahora tienen, a través del puerto de Cartagena, acceso a diferentes proveedores asiáticos, acrecentando la posibilidad de que la carga llegue a su disposición de una manera directa, rápida, sin mayor manipulación y con altos niveles de seguridad.

Son cada vez más sectores y subsectores de la producción nacional que, importando o exportando por Cartagena, están generando una sinergia con empresas de la cadena logística del comercio internacional en una relación dinámica con positivos efectos sobre la economía del país. Toda esa mercancía conecta en doble vía a Colombia con puertos de Europa, Estados Unidos, Asia y el resto de América.  “En la medida que esto siga creciendo se van a abrir nuevas oportunidades para muchas empresas, y los beneficios llegarán a más personas”, aprecia Ochoa.

ENORMIDAD QUE SORPRENDE

La dimensión de un buque gigante no se puede establecer con claridad hasta que está al lado de un barco pequeño, esos que alguna vez fueron grandes. “Cuando vemos un barco de 5.000 teu al lado de uno de 14.000, la escena parece irreal por las diferencias enormes entre uno y otro”, anota Ochoa.

El portacontenedores más grande que a la fecha ha tocado el puerto cartagenero es el Hyunday Hope, un gran barco de 366 metros de eslora y 48 metros de manga, con capacidad para transportar 13.154 teu y hasta 146 mil toneladas de carga.

Ahora el puerto de Cartagena, con capacidad para atender barcos aún más grandes, juega en las ligas mayores de operadores portuarios y esto para una ciudad pequeña es un hito que genera mucho orgullo.

“Solo cuando estamos cerca de estos barcos enormes podemos dimensionar el gran salto cuantitativo y cualitativo que ha dado en los últimos años el puerto de Cartagena, un auténtico salto al futuro”, concluye Aníbal Ochoa.

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