Por: Felipe García Cárcamo

Periodista y Abogado

Durante años se ha escuchado que “las JAL no sirven para nada”. Y, ¿cuál es la razón detrás de esta afirmación? Se ha perdido el propósito original por el cual fueron creadas.

La Junta Administradora Local (JAL) no debe ser un espacio para disputas sobre contratos, ni debe creerse que sus miembros ocupan un lugar similar al de los congresistas. Estas juntas nacieron con la Constitución de 1991 para ser la voz de la comunidad en el distrito. Cuando hay problemas como calles en mal estado, parques oscuros, falta de citas en los puestos de salud o problemas de movilidad por mal estacionamiento, ¿quién debe alzar la voz primero? La JAL. Para ello, se necesita civismo, que se traduce en amor por lo público.

¿Cómo podemos recuperar el sentido cívico? Hay tres elementos clave en este proceso.

Primero, es esencial devolver la vocación de servicio. Ser edil no es solo un título; implica asistir a reuniones, recorrer el barrio, atender llamadas de los vecinos y entender que el cargo es para servir, no para aprovecharse.

En segundo lugar, es fundamental restaurar el poder de control de la JAL. Esta junta debe vigilar el presupuesto local, supervisar proyectos y asegurar que la Alcaldía cumpla con el Fondo de Desarrollo Local, fomentando un respeto mutuo para que los ediles puedan ejercer su labor conforme a la ley.

Por último, no se debe olvidar la conexión con la comunidad. Una JAL que se encierra en un salón no representa a nadie. En cambio, una JAL activa está presente en la esquina, en la escuela y en la cancha. Escucha, propone y rinde cuentas, porque lo público es de todos.

Estas razones que justifican el derecho nos exigen tener compromisos sociales con aquellos que han estado históricamente excluidos de estos procesos y que carecen de la información necesaria para acceder a estas corporaciones.

Es vital proponer escuelas de liderazgo cívico para que, en un plazo de cuatro años, jóvenes, adultos mayores, mujeres y la sociedad en general se formen en civismo, permitiendo construir un tejido social basado en el respeto entre los ciudadanos, colocando lo administrativo al servicio de lo sociológico.

Así, los valores sociales pueden ser predominantes y podremos alcanzar una ciudad construida desde un sentido de comunidad. Actualmente, los liderazgos no surgen de la comprensión de los problemas del barrio, sino que muchas veces están motivados por intereses que superan su relevancia. La inversión excesiva en campañas para la JAL no se justifica con el enfoque que le otorga el mandatario de turno. Por ello, es crucial que las Juntas Administradoras Locales recuperen su sentido cívico.


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